jueves, 4 de septiembre de 2014

SALA DE PSICOPATOLOGÍA. Alejandra Pizarnik

Después de años en Europa
Quiero decir París, Saint-Tropez, Cap
St. Pierre, Provence, Florencia, Siena,
Roma, Capri, Ischia, San Sebastián,
Santillana del Mar, Marbella,
Segovia, Ávila, Santiago,
            y tanto
            y tanto
            por no hablar de New York y el del West Village con rastros de muchachas estranguladas
          -quiero que me estrangule un negro -dijo
          -lo que querés es que te viole -dije (¡oh Sigmund! con
vos se acabaron los hombres del mercado matrimonial que frecuenté en las mejores playas de Europa)
   y como soy tan inteligente que ya no sirvo para nada,
   y como he soñado tanto que ya no soy de este mundo,
   aquí estoy, entre las inocentes almas de la sala 18,
   persuadiéndome día a día
  de que la sala, las almas puras y yo tenemos sentido, tenemos destino,
  -una señora originaria del más oscuro barrio de un pueblo que no figura en el mapa dice:
  -El doctor me dijo que tengo problemas. Yo no sé. Yo Tengo algo
aquí (se toca las tetas) y unas ganas de llorar que mama mía.
   Nietzsche: «Esta noche tendré una madre o dejaré de ser.»
   Strindberg: «El sol, madre, el sol.»
   P. Eluard: «Hay que pegar a la madre mientras es joven.»
   Sí, señora, la madre es un animal carnívoro que ama la vegetación
lujuriosa. A la hora que la parió abre las piernas, ignorante del sentido
de su posición destinada a dar a luz, a tierra, a fuego, a aire,
   pero luego una quiere volver a entrar en esa maldita concha,
   después de haber intentado nacerse sola sacando mi cabeza por mi
útero
   (y como no puede, busco morir y entrar en la pestilente guarida de la oculta ocultadora cuya función es ocultar)
   hablo de la concha y hablo de la muerte,
   todo es concha, yo he lamido conchas en varios países y sólo sentí
orgullo por mi virtuosismo -la mahtma gandhi del lengüeteo, la Ein-
stein de la mineta, la Reich del lengüetazo, la Reik del abrirse camino
entre pelos como de rabinos desaseados -¡oh el goce de la roña!
   Ustedes, los mediquitos de la 18 son tiernos y hasta besan al leproso, pero
   ¿se casarían con el leproso?
   Un instante de inmersión en lo bajo y en lo oscuro,
   sí de eso son capaces,
   pero luego viene la vocecita que acompaña a los jovencitos como
ustedes:
   -¿Podrías hacer un chiste con todo esto, no?
   Y
   sí,
   aquí en el Pirovano
   hay almas que NO SABEN
   por qué recibieron la visita de las desgracias.
   Pretenden explicaciones lógicas los pobres pobrecitos, quieren que
la sala -verdadera pocilga- esté muy limpia, porque la roña les da terror, y el desorden, y la soledad de los días habitados por antiguos fantasmas emigrantes de las maravillosas e ilícitas pasiones de la
infancia.
   Oh, he besado tantas pijas para encontrarme de repente en una sala
llena de carne de prisión donde las mujeres vienen y van hablando de
la mejoría.
   Pero
   ¿qué cosa curar?
   Y ¿por dónde empezar a curar?
   Es verdad que la psicoterapia en su forma exclusivamente verbal es
casi tan bella como el suicidio.
   Se habla.
   Se amuebla el escenario vacío del silencio.
   O, si hay silencio, éste se vuelve mensaje.
   -¿Por qué está callada? ¿En qué piensa?
   No pienso, al menos no ejecuto lo que llaman pensar. Asisto al inagotable fluir del murmullo. A veces -casi siempre- estoy húmeda. Soy una perra, a pesar de Hegel. Quisiera un tipo con una pija así y cogerme a mí y dármela hasta que acabe viendo curanderos (que sin duda me la chuparán) a fin de que me exorcisen y me procuren una buena
frigidez.
   Húmeda.
   Concha de corazón de criatura humana,
   corazón que es un pequeño bebé inconsolable,
   «Como un niño de pecho he acallado mi alma» (Salmo)
   Ignoro qué hago en la sala 18 salvo honrarla con mi presencia
prestigiosa (si me quisiera un poquito me ayudarían a anularla)
   oh no es que quiera coquetear con la muerte
   yo quiero solamente poner fin a esta agonía que se vuelve ridícula a
fuerza de prolongarse,
   (Ridículamente te han adornado para este mundo -dice una voz
apiadada de mí)
   Y
   Que te encuentres con vos misma -dijo.
   Y yo dije:
   Para reunirme con el migo de conmigo y ser una sola y misma entidad con él tengo que matar al migo, para que así se muera el con y, de este modo, anulados los contrarios, la dialéctica suplicante finaliza en
la fusión de los contrarios.
   El suicidio determina
   un cuchillo sin hoja
   al que le falta el mango.
   Entonces:
   adiós sujeto y objeto,
   todo se unifica como en otros tiempos, en el jardín de los cuentos para niños lleno de arroyuelos de frescas aguas prenatales,
   ese jardín es el centro del mundo, es el lugar de la cita, es el espacio vuelto tiempo y el tiempo vuelto lugar, es el alto momento de la fusión y del encuentro,
   fuera del espacio profano en donde el Bien es sinónimo de evolución de sociedades de consumo,
   y lejos de los enmierdantes simulacros de medir el tiempo mediante relojes, calendarios y demás objetos hostiles,
   lejos de las ciudades en las que se compran y se vende (oh, en ese jardín para la niña que fui, la pálida alucinada de los suburbios malsanos por los que erraba del brazo de las sombras: niña, mi querida niña que
no has tenido madre (ni padre, es obvio)
   De modo que arrastré mi culo hasta la sala 18,
   en la que finjo creer que mi enfermedad de lejanía, de separación
de absoluta NO-ALIANZA con Ellos
   -Ellos son todos y yo soy yo-
   finjo, pues, que logro mejorar, finjo creer a estos muchachos de buena voluntad (¡oh, los buenos sentimientos!) me podrán ayudar,
   pero a veces -a menudo- los recontraputeo desde mis sombras interiores que estos mediquillitos jamás sabrán conocer (la profundidad,
cuanto más profunda, más indecible) y los puteo por que evoco a mi amado viejo, el Dr. Pichon R., tan hijo de puta como nunca lo será ninguno de los mediquitos (tan buenos, hélas!) de esta sala,
   pero mi viejo se me muere y éstos hablan y, lo peor, éstos tienen cuerpos nuevos, sanos (maldita palabra) en tanto mi viejo agoniza en la miseria por no haber sabido ser un mierda práctico, por haber afrontado el terrible misterio que es la destrucción de un alma, por haber hurgado en lo oculto como un pirata -no poco funesto pues las monedas de oro del inconsciente llevaban carne de ahorcado, y en un recinto lleno de espejos rotos y sal volcada-
   viejo remaldito, especie de aborto pestífero de fantasmas sifilíticos, cómo te adoro en tu tortuosidad solamente parecida a la mía,
   y cabe decir que siempre desconfié de tu genio (no sos genial; sos un saqueador y un plagiario) y a la vez te confié,
   oh, es a vos que mi tesoro fue confiado,
   te quiero tanto que mataría a todos estos médicos adolescentes para darte a beber de su sangre y que vos vivas un minuto, un siglo más,
   (vos, yo, a quienes la vida no nos merece)

   Sala 18
   cuando pienso en laborterapia me arrancaría los ojos en una casa en ruinas y me los comería pensando en mis años de escritura continua,
   15 ó 20 horas escribiendo sin cesar, aguzada por el demonio de las analogías, tratando de configurar mi atroz materia verbal errante,
   porque -oh viejo hermoso Sigmund Freud- la ciencia psicoanalítica se olvidó la llave en algún lado: 
   abrir se abre
   pero ¿cómo cerrar la herida?

   El alma sufre sin tregua, sin piedad, y los malos médicos no restañan la herida que supura.
   El hombre está herido por una desgarradura que tal vez, o seguramente, le ha causado la vida que nos dan.
   «Cambiar la vida» (Marx)
   «Cambiar el hombre» (Rimbaud)
   Freud:
   «La pequeña A. está embellecida por la desobediencia», (Cartas...)

    Freud: poeta trágico. Demasiado enamorado de la poesía clásica. Sin duda, muchas claves las extrajo de «los filósofos de la naturaleza», de «los románticos alemanes» y, sobre todo, de mi amadísimo Lichtenberg, el genial físico y matemático que escribía en su Diario cosas como:
   «Él le había puesto nombre a sus dos pantuflas»
   Algo solo estaba, ¿no?
   (¡Oh, Lichtenberg, pequeño jorobado, yo te hubiera amado!)
   Y a Kierkegaard
   Y a Dostoyevski
   Y sobre todo a Kafka
   a quien le paso lo que a mí, si bien él era púdico y casto -«¿Qué hice del don del sexo?» -y yo soy una pajera como no existe otra;
   pero le pasó (a Kafka) lo que a mí:
   se separó
   fue demasiado lejos en la soledad
   y supo -tuvo que saber-
   que de allí no se vuelve

   se alejo -me alejé-
   no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal)
   sino porque una es extranjera
   una es de otra parte,
   ellos se casan,
   procrean,
   veranean,
   tienen horarios,
   no se asustan por la tenebrosa
   ambigüedad del lenguaje
   (No es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches)
   El lenguaje
   -yo no puedo más,
   alma mía, pequeña inexistente,
   decidíte;
   te la picás o te quedás,
   pero no me toques así,
   con pavura, con confusión,
   o te vas o te la picás,
   yo, por mi parte, no puedo más.

1971

   — POESÍA COMPLETA, Editorial Lumen, 2003, Barcelona, España., pp. 411-417



martes, 2 de septiembre de 2014

LA NIÑA DE LA TOSQUERA

 La foto es de Fernando Cattaneo (http://www.iravisual.com/). El texto es mío y acompañó a la fotografía en su exposición en la galería Limbo Arte Contemporáneo1069843_10200736628792695_1786211645_n
Mi cuerpo casa. El hogar que me debo y que me deben, el que me prometieron, a mí, a mi padre, a mi abuelo y a los que estuvieron antes. Mi cuerpo casa. Ese que espera. Que me espera. Que no espera, porque envejece y no llega la calma. Mi necesidad pintada en la mirada, camuflada en mi sonrisa, escondida en mis palabras, como salgan, con propiedad o sin propiedad. Mi cuerpo casa. Mi propiedad. Mi única propiedad, ¿me la respetará la vida?
Mi cuerpo calma. Calma en la mirada que se confunde con tristeza, o con alegría, a veces es tan difícil saber.  Mis ojos marrones de aguas profundas, aguas del Paraná, del país adentro, de marrón que lava los verdes, los celestes, los dolores. Marrón que me da de comer.
Llevo mi refugio a cuestas. Lo llevo conmigo. Piel de chapas que no me las pagó nadie, que no sé cuánto han de durar, que no me queda otra que llevar a cuestas. Viento, madera, chapa y esperanza resistirán lo que resista yo.
Nadie me ha de quitar mi cuerpo casa. Nadie podrá llevarse lo que guardo conmigo, porque me pertenece a pesar de todo. Nadie vale más que yo, me dijeron, pero mis manos dicen otra cosa. Mis manos chiquitas tienen muchos años más que yo. Mi mirada tiene muchos años más que yo. Las plantas de mis pies tienen muchos años más que yo. Porque yo soy símbolo, soy idea, soy viento que viene desde el pasado, trayendo en mí a cuantos antes de mí estuvieron. Mi cuerpo casa resiste el viento, la lluvia, el sol. Mi aliento, mis lágrimas, mi piel. ¿Cuánto tardarán en darme lo que es mío? ¿Es mío? ¿Llegué tarde?
En la piel los llevo a todos. Piel de madera suave. De jabón blanco que se confunde con el sol. Soy perfume de realidad alborotada, concisa, impertinente. Soy perfume que te penetra, que no quiere respetar más las mentiras que escapan de la boca del que me mira con lástima. Soy presente. Yo. Soy. Esto.
Mi cuerpo es el refugio, que me protege del mundo

Texto extraído de http://rosesmilton.wordpress.com

sábado, 30 de agosto de 2014

TU AMIGO EL VAMPIRO. Conde de Lautréamont

Sí, os supero a todos en mi innata crueldad, que no estuvo en mi mano reprimir. ¿Es esta la razón por la que estáis todos postrados frente a mí? ¿O bien el estupor de verme, fenómeno inaudito, recorrer como horrible cometa el espacio ensangrentado?

Una lluvia de sangre brota de mi cuerpo inmenso, semejante a una nube negra que empuje ante sí el huracán. No temáis nada, hijos míos. No quiero maldeciros. El mal que me habéis ocasionado es demasiado grande; demasiado grande el mal que yo os he ocasionado, para que sea intencional. Vosotros habéis recorrido vuestro camino y yo el mío, ambos semejantes, ambos perversos. Era natural encontrarnos, dada nuestra afinidad. El choque que ha seguido al encuentro nos ha resultado recíprocamente fatal”.

Al llegar a este punto, los hombres empezarán a levantar las cabezas, adquiriendo de nuevo valor, y, para ver quién está hablando, alargarán el cuello igual que caracoles. De repente, su rostro alterado, descompuesto, se deformará en una mueca tan monstruoso que incluso los lobos quedarán aterrorizados. Todos a la vez, los hombres se enderezarán de golpe, como un muelle gigantesco. ¡Cuántas imprecaciones! ¡Qué clamor de voces! Me han reconocido. Y he ahí que los animales terrestres se unen a los hombres y hacen oír sus extraños alborotos. Ningún odio divide ya a ambas razas. El odio de cada uno está dirigido contra el enemigo común: yo. El consentimiento universal les une. Vientos que me estáis transportando, levantadme todavía más alto: temo la perfidia. Sí, desaparezcamos, poco a poco de su vista... Adiós, viejo, y piensa en mí, si me has leído...; y tú, joven, no desesperes. En efecto, tienes en el vampiro a un amigo, aunque seas de otra opinión. Si además, tienes en cuenta el ácaro sarcopto que te pega la roña, ¡tendrás dos amigos!

Conde de Lautréamont (1846-1870)

viernes, 29 de agosto de 2014

PALABRAS. Alejandra Pizarnik



Palabras

Se espera que la lluvia pase. Se espera que los vientos lleguen. Se espera. Se dice. Por amor al silencio se dicen miserables palabras. Un decir forzoso, forzado, un decir sin salida posible, por amor al silencio, por amor al lenguaje de los cuerpos. Yo hablaba. En mí el lenguaje es siempre un pretexto para el silencio. Es mi manera de expresar mi fatiga inexpresable.
Debiera invertirse este orden maligno. Por primera vez emplear palabras para seducir a quien se quisiera gracias a la mediación del silencio más puro. Siempre he sido yo la silenciosa. Las palabras intercesoras, las he oído tanto, ahora las repito. ¿Quién elogió a los amantes en detrimento de los amados? Mi orientación más profunda: la orilla del silencio. Palabras intercesoras, señuelo de vocales. Ésta es ahora mi vida: mesurarme, temblar ante cada voz, templar las palabras apelando a todo lo que de nefasto y maldito he oído y leído en materia de formas de seducción.
El hecho es que yo contaba, yo analizaba, yo relacionaba ejemplos proporcionados por los amigos comunes y la literatura. Le demostraba que la razón estaba de mi parte, la razón de amor.
Le prometía que amándome iba a serle accesible un lugar de justicia perfecta. Esto le decía sin estar yo misma enamorada, habiendo sólo en mí la voluntad de ser amada por él y no por otro.
Es tan difícil hablar de esto. Cuando vi su rostro por primera vez, deseé que fuera de amor al volverse hacia mi rostro. Quise sus ojos despeñándose en los míos. De esto quiero hablar. De un amor imposible porque no hay amor. Historia de amor sin amor. Me apresuro. Hay amor. Hay amor de la misma manera en que recién salí a la noche y dije: hay viento. No es una historia sin amor. Más bien habría que hablar de los sustitutos.
Hay gestos que me dan en el sexo. Así: temor y temblor en el sexo. Ver su rostro demorándose una fracción de segundo, su rostro se detuvo en un tiempo incontable, su rostro, un detenerse tan decisivo, como quien mueve la voz y dice no.
Aquel poema de Dylan Thomas sobre la mano que firma en el papel. Un rostro que dure lo que una mano escribiendo un nombre en una hoja de papel. Me dio en el sexo. Levitación; me izan; vuelo. Un no, a causa de ese no todo se desencadena. He de contar en orden este desorden.
Contar desordenadamente este extraño orden de cosas. A medida que no vaya sucediendo.
Hablo de un poema que se acerca. Se va acercando mientras a mí me tienen lejos. Sin descanso la fatiga; infatigablemente la fatiga a medida que la noche—no el poema—se acerca y yo estoy a su lado y nada, nada sucede a medida que la noche se acerca y pasa y nada, nada sucede.
Sólo una voz lejanísima, una creencia mágica, una absurda, antigua espera de cosas mejores.
Recién le dije no. Escándalo. Transgresión.
Dije no, cuando desde hace meses agonizo de espera y cuando inicio el gesto, cuando lo iniciaba... Trémulo temblor, hacerme mal, herirme, sed de desmesura (pensar alguna vez en la importancia de la sílaba no).

  Alejandra Pizarnik, Prosa completa, Lumen, pp. 24-27

jueves, 28 de agosto de 2014

LAS UNIONES POSIBLES. Alejandra Pizarnik.



Las uniones posibles. 

La desparramada rosa imprime gritos en la nieve. Caída de la noche, caída del río, caída del día. Es la noche, amor mío, la noche caliginosa y extraviada, hirviendo sus azafranadas costumbres en la inmunda cueva del sacrosanto presente. Maravillosa ira del despertar en la abstracción mágica de un lenguaje inaceptable. Ira del verano. Ira del invierno. Mundo a pan y agua. Sólo la lluvia se nos dirige con su ofrenda inimaginable. La lluvia al fin habla y dice.
Meticulosa iniciación del hábito. Crispados cristales en jardines arañados por la lluvia. La posesión del pretendido pasado, del pueblo incandescente que llamea en la noche invisible. El sexo y sus virtudes de obsidiana , su agua flameante haciéndose en contra de los relojes. Amor mío, la singular quietud de tus ojos extraviados, la benevolencia de los grandes caminos que acogen muertos y zarzamoras y tantas sustancias vagabundas o adormiladas como mi deseo de incendiar esta rosa petrificada que inflige aromas de infancia a una criatura hostil a su memoria más vieja. Maldiciones eyaculadas a pleno verano, cara al cielo, como una perra, para repudiar el influjo sórdido de las voces vidriosas que se estrellan en mi oído como una ola en una caracola.
Véate mi cuerpo, húndase su luz adolescente en tu acogida nocturna, bajo olas de temblor temprano, bajo alas de temor tardío. Véate mi sexo, y que haya sonidos de criaturas edénicas que suplan el pan y el agua que no nos dan.
¿Se cierra una gruta? ¿Llega para ella una extraña noche de fulgores que decide guardar celosamente? ¿Se cierra un paisaje? ¿Qué gesto palpita en la decisión de una clausura? ¿Quién inventó la tumba como símbolo y realidad de lo que es obvio?
Rostros vacíos en las avenidas, árboles sin hojas, papeles en las zanjas: escritura de la ciudad. ¿Y qué haré si todo esto lo sé de memoria sin haberlo comprendido nunca? Repiten las palabras de siempre, erigen las mismas palabras, las evaporan, lasdesangran. No quiero saber. No quiero saberme saber. Entonces cerrar la memoria: sus jardines mentales, su canto de veladora al alba. Mi cuerpo y el tuyo terminando, recomenzando, ¿qué cosa recomenzando? Trepidación de imágenes, frenesí de sustancias viscosas, noches caníbales alrededor de mi cadáver, premisión de no verme por una horas, alto velar para que nada ni nadie se acerque. Amor mío, dentro de las manos y de los ojos y del sexo bulle la más fiera nostalgia de ángeles, dentro de los gemidos y de los gritos hay un querer lo otro que no es otro, que no es nada...

jueves, 21 de agosto de 2014

LOS NUEVOS CÍNICOS. Michel Onfray

«Hoy es perentorio que aparezcan nuevos cínicos: a ellos les correspondería la tarea de arrancar las máscaras, de denunciar las supercherías, de destruir las mitologías y de hacer estallar en mil pedazos los bovarismos generados y luego amparados por la sociedad. Por último, podrían señalar el carácter resueltamente antinómico del saber y los poderes institucionalizados. Figura de la resistencia, el nuevo cínico impediría que las cristalizaciones sociales y las virtudes colectivas, transformadas en ideologías y en conformismo, se impusieran a las singularidades. No hay otro remedio contra las tiranías que no sea cultivar la energía de las potencialidades singulares, de las mónadas».

— Michel Onfray, Cinismos: retrato delos filósofos llamados perros., Trad. Alcira Bixio, Buenos Aires, Paidós, 2002. p. 32

lunes, 18 de agosto de 2014

Slavoj Žižek entra en una peluquería

zizek
Slavoj Žižek

(Original de Mallory Ortberg)

Slavoj Žižek entra en una peluquería sin hacer cita
se sienta en la primera silla vacía
“quiero un corte”, le dice a nadie
y a todos
“Corta mi cabello. Haz que luzca terrible.”
“Y no me mires a los ojos.”

ser Marxista
no es excusa
para no verte bien

Slavoj Žižek, ¿estás enojado
con el capitalismo
o con las tijeras?
Slavoj Žižek
por qué no intentas plagiar la próxima vez
otro estilo de corte de cabello

Slavoj Žižek
tu corte de cabello es como el capitalismo tardío
privado de integridad
y sostenido en una infraestructura vacilante

Slavoj Žižek
tu barba
como el Comunismo
funciona mejor en la teoría
que en el mundo real

Slavoj Žižek
recuerda que Derrida se opuso a las tesis claramente definidas sobre bases filosóficas
no sobre coqueterías personales

hasta tu corte de cabello es una mala lectura de Hegel
recuerda
tu ontología puede dar primacía al sujeto creativo que manipula el discurso
y usa un peine
al mismo tiempo
Slavoj Žižek
¿te mataría sonreír?

toma una ducha Slavoj Žižek
descansa un poco
te ves fatal
tus amigos están muy preocupados por ti, Slavoj Žižek
tus amigos están preocupados por ti y por tu cabello, Slavoj Žižek
tus amigos están preocupados por ti y por tu cabello y por tu idea de subjetividad, Slavoj Žižek

Slavoj Žižek entra en una peluquería
y vuelve a salir
Nada ha cambiado.

“La palabra es el asesinato de la cosa, no sólo en el sentido elemental de implicar su ausencia –al nombrar una cosa, la tratamos como ausente, muerta, aunque aún siga presente—sino sobre todo en el sentido de su disección radical: la palabra ‘compartimentaliza’ a la cosa, la arranca de su inserción en el contexto concreto, trata a sus partes componentes como entidades sin existencia autónoma: hablamos de color, forma, perfil, etc., como si estas poseyesen un ser autosuficiente.”

tu corte de cabello

es el asesinato
de tu cabeza

 Traducción de @javier_raya