viernes, 1 de enero de 2016

Mi musa enferma

Pálida, 
si,
como llegaste al mundo, 
para mostrarnos tus ojos tristes.
¿Y qué importan acaso
los vernáculos del buen pasar
en manos del mediocre santo y seña
de equilibrios infundados?
Sólo un tonto vive sin pasiones,
ni las consecuencias corporales.
Hermosa e insomne,
misterio rasgado por las lentas lunas,
abrasando el mundo de los genios.
Blanca sinfonía desnuda
en la voz de tu poesía,
toses en la alforja de tu llanto,
fiebres te enloquecen de porfías,
sangres te derivan hacia los quebrantos
de la furia absorta de los hombres.
Te duele el estómago,
como Prometeo,
y en tus manos llevas
llagas siderales.


lunes, 2 de noviembre de 2015

LESIONES INCOMPATIBLES CON LA VIDA - Angélica Liddell

A los hijos que no voy a tener.
No quiero tener hijos. 
No quiero ir más lejos.
Soy una epidemia de resentimiento.
No quiero tener hijos.
Es mi manera de protestar. Mi cuerpo es mi protesta. 
Mi cuerpo renuncia a la fertilidad. 
Mi cuerpo es mi protesta contra la sociedad, contra la injusticia, contra el linchamiento, contra la guerra.
Mi cuerpo es la crítica y el compromiso con el dolor humano.
Quiero que mi cuerpo sea estéril como mi sufrimiento.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi pesimismo. Gracias al pesimismo puedo hacerme preguntas. Alguien debe quedar en mitad de los hombres haciéndose preguntas, alguien debe quedar en mitad de la esperanza haciéndose preguntas. Alguien debe quedar como un idiota. Alguien debe quedar como excremento, alguien debe fracasar definitivamente. La ausencia de hijos me ayuda a ser excremento y a fracasar. Los adultos saltan por encima de mi vientre liso agitando a sus hijos como banderas, como si el mal hubiera desaparecido del mundo, los exhiben como si la inteligencia hubiera triunfado por fin sobre el mundo, como si fueran insignias de un futuro mejor. No confío en un futuro mejor. Las familias se comportan con soberbia, pensando que su prole va a ser distinta, que sus hijos nunca van a traicionar como nosotros hemos sido traicionados, que sus hijos nunca van a dañar y a ser dañados, que los reveses de la vida sin duda van a ser menores y que sus hijos jamás van a ser culpables de nada.
Mi cuerpo es mi protesta contra las grandes esperanzas de los padres, contra las grandes pretensiones de los padres.
No quiero pasar por ese estado de necedad transitoria.
No quiero que mi resentimiento se interrumpa.
No quiero dejar de pensar en la injusticia.
No sería justo para los excluidos que dejara de pensar en la injusticia, que dejara de condenar a los privilegiados.
Sin embargo no he conocido a ningún niño que se convirtiera en un buen adulto. Los niños no se convierten en buenos adultos. Yo no soy un buen adulto. La bondad no existe. Soy mala, muy mala.
Tal vez esa es la razón por la que no quiero ser madre.
Tal vez a las mujeres malas nos sucede eso, no queremos ser madres.
Las mujeres malas, sin instinto maternal, pagamos el tributo de morir solas, podridas, sin alegría, frente al televisor, frente al espanto, secas, rodeadas de moscas de diferentes tamaños.
A las mujeres malas solo nos puede suceder la muerte.
Me parece bien.
Fui niña. Pero no me he convertido en una buena adulta.
El papel del hombre en el mundo es absurdo. Vagamos de tara en tara.
Cuando imagino mi propio parto solo puedo ver asomando entre mis piernas la cabeza grotesca de un monstruo, ya fatigado por la inmundicia del universo, por lo inefable, por la mezquindad.
Mi cuerpo es mi protesta.
No quiero aportar nada al mundo, salvo mi profundo horror por el mundo. Después de los desastres del siglo XX no puedo sentir más que horror. Después de semejante exhibición del mal, el hombre ya no puede redimirse. ¿Quién puede volver a amar a los hombres? ¿Quién puede volver a cantar en honor a los hombres? Alguien dijo que después de los horrores del siglo XX no se podía seguir escribiendo. La palabra se había vuelto absurda, insuficiente. Los hijos son como la palabra, insuficientes. Sería bueno para mi mente aceptar la insuficiencia de la palabra y del hombre. Pero hay algún cocodrilo dentro de mí que me impide aceptarlo. Cada vez soporto menos la injusticia, cada vez soporto menos la maldad. El mundo está basado en la injusticia y en el mal.
Sólo se me ocurre protestar.
Mi cuerpo es mi protesta.
Quiero morirme sola, sin dejar nada atrás. Es mi manera de unirme a los que fueron exterminados, a los que sufrieron sin límite.
No quiero esperanza. 
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es un ejemplo para suicidas, un ejemplo para asesinos, un ejemplo para todos aquellos que se desprecian a sí mismos.
Mi maldito cuerpo.
Mi decisión anormal.
Llega un momento en que la sociedad se excita, se impacienta y procrea, procrea porque sí, procrea. ¿Qué motivos tienen?
Me pregunto, ¿qué motivos tienen?
Pero mi decisión es anormal.
Perdón por la violencia.
Mi violencia verbal es mi lucha contra la violencia real.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi protesta contra los vestidos premamá.
Mi cuerpo, voluntariamente estéril, es mi inconformismo.
Mi cuerpo es mi falta de adaptación.
Las grandes esperanzas de mis padres destruyeron mis propias esperanzas.
Mi cuerpo es mi protesta contra las grandes esperanzas de mis padres, contra las grandes y estúpidas esperanzas del mundo.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi acción.
Mi decisión anormal es mi acción.
En definitiva, mi vida es mi acción.
Sólo quiero ser hija.
Conmigo termina la tiranía de la sangre.
No quiero formar una familia.
Nunca me fiaría de una institución que es fomentada, ensalzada, vitoreada, incluso premiada por el poder. No me fío de todos esos gobernantes que se fotografían con sus familias. 
La foto de familia siempre está sobre la mesa de los presidentes, en marco de plata, el marco es carísimo, la familia se merece el marco más caro, el presidente se merece la familia más hermosa, más sonriente, más feliz y más cara.
La familia es lo más importante. La familia es lo más importante. Sin familia nadie alcanza el poder. El poder y la familia, siempre unidos. Me repugna. 
Las fotos de familia me recuerdan los espeluznantes dibujitos paradisiacos que los predicadores te muestran mientras te escupen oraciones en la oreja.
La familia y el poder.
La familia y la religión.
No puedo fiarme de algo que es impuesto desde el poder. No puedo fiarme de algo que es impuesto desde la religión.
Sólo por ese motivo deberíamos negarnos a tener hijos.
Céline dice: “Cuando a los grandes de la tierra os da por amaros es que van a convertiros en carne de cañón. Por el afecto empiezan. Los encumbrados solo pueden pensar en el pueblo por interés o por sadismo”
Estoy de acuerdo.
También dice : “¡Qué vivan los locos y los cobardes!
También estoy de acuerdo.
No me siento capaz de complacer a los poderosos, a los privilegiados. Si les complazco estoy alimentando la obesidad y el conformismo de una sociedad idiota, adocenada.
Es necesario que alguien no tenga hijos. Es necesario para desestabilizar las conciencias. Es una forma de hacer justicia.
Mi cuerpo es mi protesta.
Es mi forma de hacer justicia.
Mi cuerpo es mi protesta.
No quiero tener hijos.
Quiero ser pobre.
No tener hijos es una manera de ser pobre.
Los pobres son esa gente cuya muerte no le interesa a nadie.
Esa es la muerte que yo deseo.
No quiero tener hijos.
Es una forma de ser un poco más pobre.
A veces pienso que no depende de mí.
Estoy poseída por una rabia inidentificable que me obliga a enfangarme continuamente en el dolor.
¿De dónde procede esa rabia?
¿A quién pertenece la voluntad del enfermo?
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi protesta contra mi generación.
El fraude de mi generación.
Han creado una sociedad clasista, engreída, ambiciosa y brillante.
Con el sudor de sus frentes, brillante.
Con el sudor de sus frentes, ambiciosa.
Con el sudor de sus frentes, engreída.
Con el sudor de sus frentes, clasista.
Sólo buscan la comodidad.
Imitan a los pequeños ricos.
Ellos dicen lo contrario, son muy progresistas, pero se comportan como cualquier tipo de clase media.
Codiciosos, complacientes, comodones, regalados.
Sí, se reproducen en la comodidad.
Y eso embota sus mentes.
Sus cabezas están rellenas de comodidad.
Ellos piensan que sus conciencias son correctas, pero no lo son. En el fondo su corrección es un tópico que les permite vivir sin sentimiento alguno de culpa.
Mi cuerpo es mi protesta.
Soy una estúpida.
Soy la que está equivocada por querer sentirme perdedora y ridículamente heroica. Me acuso de petulancia. Soy petulante por ir en contra del mundo. Aunque tal vez solo formo parte de su inercia. No me gusta pensar así pero la rabia me obliga.
Una pobre resentida con aspiraciones artísticas. Esa soy yo.
No quiero salvarme.
Soy la peor. La peor.
Protesto con mi cuerpo.
Soy una basura de color rosa.
La inmundicia de mi carne vuelve escrupuloso a todo aquel que se acerca.
Estoy consumida por la verdad.
La guerra me envejece.
Observo mi existencia, como si mi existencia fuera la de una mosca.
Pertenezco a la fauna cadavérica.
¿En qué momento de la descomposición aparezco?
¿Cuántos días lleva muerto el cadáver?
Mi cuerpo es la protesta por los cadáveres inocentes.
No quiero tener hijos.
No quiero más funerales.
¿Quién es el responsable de las ganas de morir de una mujer?
La injusticia mete espadas en la cama de la suicida.
Aunque se me ha parado el corazón la sangre sigue fluyendo por mi cuerpo para seguir protestando.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi acción.
Mi cuerpo es mi obra de arte.
Mi decisión es mi obra de arte.
No tener hijos es mi obra de arte.
Mi vida es mi obra de arte.
No haciendo hijos hago arte.
El olor a café mezclado con el olor a pescado me hace vomitar.
Relaciono ese olor con la maternidad.
Y al mismo tiempo lo relaciono con la muerte.
Y pienso: en la familia todo ocurre en lo oscuro.
No soportaría un gramo de hipocresía más.
Porque en la familia amamos pero también estamos obligados a amar. 
Esto último origina relaciones tenebrosas, desquiciadas, que desembocan en camuflajes dolorosos. 
En la familia todo ocurre en la oscuridad.
Mi cuerpo es mi protesta.
Protesto contra la ausencia de pasiones.
Protesto contra la tibieza y la cordura.
Protesto contra el uso del dinero.
Las familias, recién estrenadas, trabajan para pagar neveras más grandes, coches más grandes, vacaciones más caras pero más insulsas.
Las familias trabajan para no perder ni un gramo de prestigio social.
Las familias trabajan para no perder ni un gramo de seguridad.
Protesto contra el prestigio social y protesto contra la seguridad.
Aquí está mi cuerpo protestando, sin hijos.
Las familias trabajan duro para parecerse a los ricos.
Aspiran al bienestar total.
En nombre de sus hijos aspiran al bienestar total, es decir, a lo superfluo. Han perdido el sentido del bienestar.
Mi cuerpo protesta contra el bienestar
Las familias trabajan duro.
Aspiran a la calma total.
Protesto contra la calma.
Mi cuerpo protesta contra la calma.
El bienestar, la seguridad, la calma.
Todo ello les alisa.
Nada de pasiones. Nada de excesos.
Trabajan para pagar el gimnasio.
Para pagar la guardería mientras trabajan
Mientras trabajan para pagar la guardería y su eterno descanso.
Y su eterno sacrificio.
No puedo identificarme con ellos.
No puedo identificarme con un plan de pensiones.
No.
Mi vida es patética y adolescente.
Mi protesta es patética y adolescente.
Soy una mierda.
Pero no quiero ser como ellos.
Me da igual. No hay marcha atrás.
Mi generación avanza hacia la estabilidad, hacia el plan de pensiones, hacia el restaurante caro, hacia el carrito lleno de la compra, avanza hacia un consumo sin límite.
Detrás de sus carteras son una masa blanda y sin forma.
Yo no sé hacia dónde avanzo.
En cualquier caso no tener hijos me da fuerza.
Mi decisión me da fuerza.
Mi generación avanza tanto que no les da tiempo a pensar.
Utilizan cuatro tópicos para pensar y se van a la cama. Tan seguros, tan estables.
Mi cuerpo protesta contra la estabilidad.
Aquí hay demasiados funcionarios.
Protesto contra los funcionarios.
Y los funcionarios protestan porque el sueldo no les llega para pagar un coche más caro, un queso más caro, un restaurante más caro, unos calzoncillos más caros, una mierda más cara. Protestan para cambiar los azulejos de las paredes del cuarto de baño. Por eso protestan, porque necesitan llenar el carro de la compra hasta lo insoportable.
Mi cuerpo es mi protesta contra los funcionarios.
La economía determina las relaciones afectivas.
La economía determina mis acciones.
Mi cuerpo es mi acción.
No me da miedo la pobreza.
Mi economía determina mi protesta.
Imposible la relación con aquellos que jamás han tenido en su vida conciencia de ruina y de pobreza.
Imposible.
La falta de conciencia de ruina y de pobreza me defrauda enormemente. Por eso protesto. Mi cuerpo es mi protesta.
La pobreza es tan indeseable como la medianía.
La rabia me hace delirar.
¿Qué hacer para evitar esta rabia, aquí dentro?
Sólo protesto.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi acción
Mi vida es mi acción
No quiero tener hijos.
¿Por qué?
Tal vez por la rabia, esta rabia, aquí dentro.
Siempre está a punto de empezar una guerra.
El mundo es maravilloso.



domingo, 1 de noviembre de 2015

UN MUNDO DE DOLOR



De dolor yo estoy parío
en el dolor estoy
y hacia el dolor voy.
Nada me inspira
nada es real
exceptuado el dolor
cuando siento
con mis yemas
a través de la camisa
las cicatrices, lo real
y vuelven las reminiscencias
y se retuerce la víbora dentro de mi estómago
estas manos impropias, trepidan
es el pasado sí, es el pasado no los trastornos
son los hermanos, bajo tierra
aquellos que me departen
susurran, vociferan en otras lenguas
que nadie entiende solo yo
me miro al espejo y veo
el reflejo de un simulacro
yerto, borroso, difuso, desvaneciendo
y mis hermanos presos
no puedo moverme
levitando en un sollozo mudo
mientras me introduzco dentro de mí
y solo hay vacío
casquillos en la tierra quemada de mi ser
de balas que ya no hacen mella
busco la despersonalización
y no la hallo
busco abstraerme y no puedo
escudriño las preguntas
revolcándome estático
en respuestas infinitas, millones de cristales resquebrajados
cutículas ásperas de lagartos
cuánta traición, cuántas ignominias
(pero no se toca fondo)
¡Jamás!
estúpida pretensión aquella
lo sabes, lo sabemos
se puede descender aún más;
un poquito más
lo sabes, lo sabemos
que se va cayendo...
Dulcemente
en un piélago eterno de dolor…


 De Dolor.


                                                   
Miras el sufrimiento humano?
Ni siquiera tu cuerpo voraz
Tiene una tregua,
Te pide sexo el miembro
Y carne la vagina,
Te pide la vejiga despertarte
Para orinar a cuestas de la noche,
Te pide la barriga
Un tentempié desolador
De carne viva.
Los órganos mendigan
Tu cuidado,
Un cuerpo desgarrado
Por el tiempo y el espacio.


Alberto Gutierrez

Francis Bacon: el pintor más oscuro del alma humana

"El hombre que pinta esas fotos horribles", dijo de su obra la ex Primera Ministra británica Margaret Thatcher. Francis Bacon, el pintor irlandés y uno de los más trascendentes del siglo XX, no es un artista de medianías: se le ama o se le rechaza, porque su trabajo fue -y es- una inmersión hacia el lado más oscuro y retorcido del alma humana, con rostros, cuerpos y figuras desmembradas, mutiladas y expuestas desde distintos ángulos.
Uno de los favoritos del circuito de subastas de arte, Bacon acaba de romper el récord histórico de una transa pública: su Tríptico de 1969 (abajo) que le dedicó a su amigo pintor Lucien Freud, se convirtió en la más alta venta en subasta, con 142 millones de dólares transados en una puja de la casa Christie's en Nueva York.
La alta cotización de Bacon en los mercados del arte se produjo casi luego de su muerte, ocurrida en 1992. Tras una vida muy difícil y tormentosa, donde incluso la primera parte de su obra, realizada antes de la II Guerra Mundial fue destruida por él mismo, Bacon comenzó a ser valorado por su obra ya en una edad adulta, cuando situó la figura humana como el eje de sus preocupaciones formales, en una forma de romper con la figuratividad clásica, que fue llamada justamente Nueva figuración.
La forma en que Bacon retrató al cuerpo humano se origina en el trauma que le ocasionó la guerra y las consecuencias sicológicas de esta, además de su propia interioridad: fue expulsado de su casa a los 16 años al manifestar su homosexualidad y tendía fuertemente hacia la autodestrucción. Sus primeros éxitos datan de 1944, cuando realiza el tríptico Tres estudios de figuras junto a una crucifixión, considerada una de las obras clave de la pintura contemporánea. Justamente nace con esta obra su predilección por el tríptico, formato que le dio un sello personal y donde se acerca al motivo desde distintos ángulos pero siempre manteniendo la unidad de la obra, generando una sensación de ambiguedad sobre el objeto, en especial en los retratos.
En 1949 comienza su serie de versiones sobre elRetrato de Inocencio X de Velázquez (arriba), un momento clave en su obra y donde se reúnen las ideas pictóricas sobre la angustia y la expresión atormentada de sus personajes que luego desarrollaría con profusión, como el gusto de presentar los rostros de manera borrosa, a la manera de una pesadilla. Influenciado por el noruego Edvard Munch, es en las décadas del 50' y 60' que Bacon logra repercusión en los círculos del arte, siendo adquiridas por importantes museos. 
Otro momento clave en su carrera fue el encuentro con George Dyer en 1964, a quien sorprendió robando en su taller y que luego se transformaría en su amante, en una relación tormentosa que le provocó una estimulación creativa notable, con gran cantidad de pinturas, entre ellas varios retratos de Dyer. Este terminó suicidándose con barbitúricos en 1971.
La cotización de Francis Bacon en subastas ha tenido hitos como la venta deTriptych 1976, que fue subastada en el 2012 en 86,2 millones de dólares y adquirida por el ruso Roman Abramovich. Anteriormente su récord fue en 2998, cuando 2008, cuando Sotheby's vendió otro de sus trípticos por 55,3 millones de dólares. También el artista Damien Hirst compró una obra de Bacon, Crucifixión, en 33 millones de dólares, y por el mismo precio fue subastado el Retrato de Henrietta Moraes (1963).

jueves, 15 de octubre de 2015


«Básicamente, lo único que pido es que cada cual se ocupe de sus propios asuntos y yo haré otro tanto. ¿Por qué será que sólo porque uno utiliza drogas duras todo quisque se cree con derecho a diseccionarle y analizarle?
Una vez que aceptas que tienen ese derecho, te unirás a ellos en la búsqueda de ese santo grial, esa cosa que te hace funcionar. Entonces les escucharás, y te dejarás embaucar hasta creerte cualquier teoría sacada del culo que escojan atribuirte sobre tu conducta. Entonces eres suyo, no tuyo; la dependencia se desplaza de la droga a ellos.
La sociedad inventa una lógica falsa y retorcida para absorber y canalizar el comportamiento de la gente cuyo comportamiento está fuera de los cánones mayoritarios. Supongamos que conoces todos los pros y los contras, sabes que vas a tener una vida corta, estás en posesión de tus facultades, etcétera, etcétera, pero sigues queriendo utilizar el caballo. No te dejarán hacerlo. No te dejarán hacerlo, porque lo verían como una señal de su propio fracaso. El hecho de que simplemente elijas rechazar lo que tienen para ofrecerte. Elígenos a nosotros. Elige la vida. Elige pagar hipotecas; elige lavadoras; elige coches; elige sentarte en un sofá a ver concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu, atiborrándote la boca de puta comida basura. Elige pudrirte en vida, meándote y cagándote en una residencia, convertido en una puta vergüenza total para los niñatos egoístas y hechos polvos que has traído al mundo. Elige la vida.
Pues bien, yo elijo no elegir la vida. Si los muy cabrones no pueden soportarlo, ése es su puto problema. Como dijo Harry Lauder, sólo pretendo continuar así hasta el final del camino».
 Trainspotting; Irvine Welsh.

martes, 13 de octubre de 2015

EL OMBLIGO DE LOS LIMBOS. Antonin Artaud.

 
Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu.
Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida.
No amo en sí misma a la creación. Tampoco entiendo el espíritu en sí mismo. Cada una de mis obras, cada uno de los proyectos
de mí mismo, cada uno de los brotes gélidos de mi vida interior expulsa sobre mí su baba.
Estoy en una carta escrita para dar a entender el estrujamiento íntimo de mi ser, tanto como estoy en un ensayo exterior
a mí mismo y que se me presenta como una indiferente incubación de mi espíritu.
Sufro que el Espíritu no halle lugar en la vida y que la vida no se encuentre en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano, del Espíritu-traducción o del Espírítu-atemorizante-de-las-cosas para hacerlas ingresar en el Espíritu. Yo dejo este libro colgado de la vida, deseo que sea masticado por las cosas exteriores y en primer término por todos los estremecimientos acuciantes, todas las vacilaciones de mi yo por venir.
Todas estas páginas se arrastran en el espíritu como témpanos. Perdón por mi total libertad. Me niego a hacer diferencias entre cada minuto de mí mismo. No acepto el espíritu planeado.

Es preciso acabar con el Espíritu como con la literatura. Quiero decir que el Espíritu y la vida se encuentran en todos los grados.
Yo quisiera hacer un libro que altere a los hombres, que sea como una puerta abierta que los lleve a un lugar al que nadie hubiera consentido en ir, una puerta simplemente ligada con la realidad.
Y esto no es el prefacio de un libro, como tampoco lo son los poemas que lo indican en la lista de todas las furias del malestar.

Esto no es más que un témpano atragantado. Una gran pasión razonadora y superpoblada arrastraba a mi yo como un puro abismo. Resoplaba un viento carnal y sonoro, y el azufre también era denso. Y pequeñas raíces diminutas llenaban ese viento como un enjambre de venas y su entrelazamiento fulguraba. El espacio sin forma penetrable era calculable y crujiente. Y el centro era un mosaico de trozos como una especie de rígido martillo cósmico, de una pesadez deformada y que sin parar cae como un muro en el espacio con un estruendo destilado. Y la cubierta algodonosa del estruendo tenia la opción obtusa y una viva mirada que lo penetraba. Sí, el espacio entregaba su puro algodón mental donde ningún pensamiento era todavía claro ni devolvía su descarga de objetos. Pero paulatinamente la masa dio vueltas como una náusea potente y fangosa, una especie de fuerte flujo de sangre vegetal y detonante. Y las ínfimas raíces trémulas en el filo de mi ojo mental se arrancaban de la masa erizada del viento a una velocidad vertiginosa. Y todo el espacio como un sexo saqueado por el vacío ardiente del cielo, se estremeció. Y algo como un pico de paloma real socavó la masa turbada de los estados, todo el pensamiento más hondo se diversificaba, se disipaba, se volvía claro y reducido.
Entonces era preciso que una mano se transformara en el órgano mismo de la aprehensión. Y aún dos o tres veces giró la masa artificial y cada vez, mi ojo se enfocaba sobre un sitio más exacto. La oscuridad misma se hacía más densa y sin objeto. Todo el hielo ganaba la claridad.

Dios-el-perro contigo y su lengua
que atraviesa la costra como una saeta
del doble morrión abovedado
de la tierra que le causa ardor.

Y aquí está el triángulo de agua
que se aproxima con paso de chinche
pero que bajo la chinche ardiente
se transforma en cuchillada.

Bajo los senos de la espantosa tierra
dios-la-perra se ha marchado,
de los senos de la tierra y de agua congelada
que pudren los agujeros de su lengua.

Y aquí está la virgen-del-martillo
para masticar las cuevas de la tierra
donde la calavera del perro del cielo
siente crecer el horroroso nivel.

Doctor,

Hay un asunto sobre el cual hubiera querido insistir: es el de la relevancia de la cosa sobre la cual operan sus inyecciones; esta especie de languidecimiento esencial de mi ser, esta disminución de mi estiaje mental, que no quiere decir, como podría creerse, un rebajamiento cualquiera de mi moralidad (de mi alma moral) o ni siquiera de mi inteligencia, sino más bien de mi intelectualidad servible, de mis recursos razonantes, y que se relaciona más con el sentimiento que tengo yo mismo de mí mismo yo, que con lo que pongo de manifiesto a los demás de él.
Esta vitrificación sorda y polimorfa del pensamiento que en cierto momento elige su forma. Hay una vitrificación inmediata y llana del yo en el centro de todas las posibles formas, de todos los modos posibles del pensamiento.
Y, señor Doctor, ahora que usted está bien enterado de lo que puede ser alcanzado en mí (y curado por las drogas), de la zona de conflicto de mi vida, espero que sabrá suministrarme la cantidad suficiente de líquidos sutiles, de reactores especiosos, de morfina mental, capaces de sobreponer mi abatimiento, de enderezar lo que cae, de juntar lo que está separado, de reparar lo que está destruido.

Le saluda mi pensamiento

De "L'Ombilic des limbes"
Versión de L.S.


lunes, 12 de octubre de 2015

La furia me eleva al espacio sideral
como perro hambriento,
siguiendo la presa que ya fue encontrada por otro
no hay, ni ética, ni moral
pernoctamos en el piélago de la horrorosa libertad
adentro tengo al Diablo
son fantasmas invisibles,
pero yo los veo
atormentádome
me absorben en un volcán de tristeza
que atenúo con la ira
tú también lo haces,
yo sé que lo haces
mis cuervos me lo dicen
te espían
te aprecian como presa
te observan,
tú no los ves,
el silencio absoluto los crea
los destruye y los transforma
como tu cuerpo y tus teorías
carroña sucia e inservible
que no la crees ni tú mismo
pero hay que prevalecer
a costa de mentiras, a costa de hipótesis
que no significan nada
que no influyen en nada.
Criaturas desesperadas
de ridículos lentes y falsa humildad
que como loros repiten
lo que leyeron por obligación
de ellos nada brota más que copias
insignificantes seres

repudiables.

sábado, 10 de octubre de 2015

La patologización como herramienta política

A lo largo de la historia la ciencia se ha visto entremezclada con la moral y la política, pues normalmente se ha encontrado al amparo y patrocinio del poder, el cual determina la norma social, de forma que no podemos entender la institución científica al margen de dicha norma, la primera responde a los intereses de la segunda.
Si a esto añadimos la compartimentación absoluta de las relaciones productivas e intelectuales que se da en las sociedades actuales, donde cada cual recibe una formación segmentada en función de un objetivo productivo concreto y delimitado, observamos que se genera la interdependencia necesaria para favorecer que la sociedad confiera rápida credibilidad a cualquier verdad o realidad que sea impuesta desde los diferentes ámbitos, entre ellos el de la ciencia, la cual deviene nuevamente en una valiosa herramienta para los intereses del poder.
Dicho poder fomenta una organización social, predominante en la historia de la humanidad, que se cimenta en el sistema de dominación de unos seres sobre otros, constituyendo un sistema irracional pero beneficioso para las elites que detentan el poder, las cuales saben que sus privilegios no se pueden mantener únicamente mediante métodos coercitivos directos, sino que resulta más duradero y efectivo si la socialización misma de las y los individuos es la apropiada a sus intereses. Por tanto requiere de relaciones sociales bajo el marco de una normativa cultural y biopolítica concreta, de forma que la persona construya su yo, su personalidad, en base a ellas, desde los primeros inicios y a lo largo de toda su vida, mediante la familia, las amistades, los entornos y todas las instituciones que la tutelan en su devenir vital y que la irán dejando la impronta del discurso oficial y su normatividad preconcebida e intencionada, haciéndola aceptar un tipo de relaciones y roles sociales manifiestamente injustos y autoritarios.
El status quo imperante se nutre de esta socialización, la cual al estar en gran parte desnaturalizada requiere de un barnizado científico que la dote de legitimidad y de elementos agresivos para su defensa, como la biologización de las relaciones sociales, culturales y subjetivas.
Y es que si bien resulta necesario que los sujetos socialicen, al fin y al cabo somos seres sociales y en ello residió nuestro éxito como especie, también es cierto que más allá del hecho evolutivo o de nuestra propia naturaleza gregaria, actualmente se da una sobresocialización forzosa en las personas de las sociedades capitalistas, lo cual responde a intereses específicos de control y perpetuación de un modelo social que conlleva que las personas intenten pensar, sentir y actuar moralmente según dichos intereses, lo cual supone una dura carga ante sentimientos y acciones que en realidad no tienen un origen moral, por tanto dicha sobresocialización no deriva en un desarrollo real de las personas en tanto que se hayan mediatizadas a intereses que les son ajenos. Cuando dichas personas se quiebran o simplemente no cumplimentan su rol, es decir, no socializan o muestran cualquier tipo de inadaptación, esto las lleva a ser inmediatamente patologizadas, discriminadas, tanto por las instituciones (psiquiatría) como por una sociedad miope con la oficialidad científica, como explicábamos al principio, ahondándose el abismo entre la persona “asocial” y las personas categorizadas “normales”.
La socialización como adoctrinamiento
Este hecho resulta peligroso para la libertad de los individuos, pues se genera la polaridad necesaria para redefinir paulatinamente la normalidad, que a su vez requiere de una “anormalidad” que señalar y poder discriminar, las personas “diferentes” sufrirán el rechazo social (incluido el familiar), serán aisladas por su disonancia respecto de la norma, sin que esta sea causada por un contexto clásico de opuestos políticos, es decir, el mero hecho de no entrar en el molde dentro de una sociedad que sobresocializa constituye en sí mismo un hecho subversivo de significancia política que llevará a cualquiera a ser patologizada o patologizado y a negársele la posibilidad de entender el trastorno que su estado “asocial” les pueda originar así como a que no se ejerza una crítica sobre ello que ayude a la normalización de sus emociones diferenciadas del común, aumentándose tanto la problemática como el rechazo que provoca en las mentes domesticadas en la obediencia a la norma.
Así pues, mediante la socialización se produce una transferencia ética e intelectual a las personas respecto de una sociedad permeabilizada al ideario predominante, que por si fuera poco se complementa biologizando aspectos éticos e intelectuales por un lado y patologizándolos por otro, elevándose en este caso la patologización a la máxima esencia como herramienta de represión y control social. Ejemplo claro de ello lo podemos observar en el hecho que hasta la publicación de la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (libro de referencia en psiquiatría), se efectuaba una patologización de las personas transgénero, catalogadas bajo el estigma del “trastorno de identidad”, y se las forzaba a una normalización binaria como modelo de salud, lo cual en realidad solo respondía a intereses morales patriarcales heteronormativos, religiosos y de fomento de la transfobia. Más ejemplos descarados de patologización politizada los encontramos cuando en base a características conductuales, éticas y hasta físicas se inferían conductas criminales, asociales, negativas e incluso de inferioridad, tanto intelectual como racial, constituyendo pues una agresión bien racista bien por ideología, en este último caso contra aquellas ideas que no fueran asimilables por el juego político sistémico, el anarquismo por ejemplo.
Las mujeres, a lo largo de la historia y en la actualidad son otro claro exponente de lo dicho, pues sumado a una socialización antinatural en tanto que contraria a sus intereses biológicos e individuales, impuesta por la sociedad patriarcal, también sufren por cuestión de género una patologización desarrollada por una medicina occidental androcéntrica, por tanto parida a partir de un modelo masculino que ha culpabilizado, ignorado, medicalizado y transfigurado las reacciones corporales femeninas y reducido a ansiedad y depresión muchos de sus malestares sin tener en consideración las causas, máxime cuando estas provienen de hechos sociales, lo que lleva a que se las inunde de ansiolíticos y antidepresivos, llegando a recibir mas de las 3/4 partes de los que se recetan en España.
Nos hayamos pues ante un modelo social de perpetuación del poder y sus intereses, donde la patologización psiquiátrica es capaz de responder a construcciones políticas no inocentes y de control social. Siendo conocedores de esta realidad resulta necesario mantener una actitud crítica y vigilante para con las relaciones biopolíticas que nos atraviesan transversalmente y que nos configuran cotidianamente así como tratar de ir reduciendo la influencia autoritaria de la sociedad sobre el individuo, fomentándose su autonomía y sobretodo reconociendo el derecho a su individuación y unicidad, es decir, rechazando la sobresocialización, lo cual reduciría notablemente las problemáticas de diversas patologías, reales o inducidas y sobredimensionadas por el poder y su ideario de contención social.

Sara Montejano
Texto extraído de http://revistanada.com/2014/08/20/patologizacion/