viernes, 16 de diciembre de 2016

OTOÑO DE RANAS

El verano envejece, madre fría,
y los insectos son raros y escuálidos.
En este hogar palustre solamente
graznamos, nos ajamos.

Las mañanas se van en somnolencia.
El sol tardíamente nos alumbra
entre cañas sin nervio. Moscas fáltanos.
El helecho se muere.

La helada hasta la araña envuelve.
Cierto que el dios de la abundancia
por aquí anda. Nuestra gente
adelgaza, da pena.

Sylvia Plath

domingo, 4 de diciembre de 2016

SI TE QUIERES MATAR


Si te quieres matar, ¿por qué no te quieres matar?
¡Ah, aprovecha! Que yo, que tanto amo la muerte y la vida,
Si osara matarme, también me mataría...
Ah, si te atrevieras, ¡atrévete!
¿De qué te sirve el cuadro sucesivo de las imágenes exteriores al que llamamos mundo,
El cuadro cinematográfico de las horas que son representadas
Por actores convencionales en poses predeterminadas,
El circo policromo de nuestro dinamismo sin fin?
¿De qué te sirve tu mundo interior, que desconoces?
Tal vez matándote lo conozcas al fin…
Tal vez al acabar comiences…

Y de todas maneras, si estás cansado de ser,
Ah, ¡cánsate noblemente
Y no cantes, como yo, la vida por borrachera,
No saludes, como yo, a la muerte en la literatura!

¿Haces falta? ¡Oh sombra fútil llamada hombre!
Nadie hace falta; a nadie le haces falta tú…
Sin ti todo marcha bien, sin ti.
Tal vez para los demás sea peor que existas a que dejes de existir…
Tal vez peses más durando que dejando de durar…

¿La pena de los demás…? ¿Tienes anticipados remordimientos de que te lloren?
Cálmate; pocos te llorarán…
El impulso vital extingue las lágrimas poco a poco
Cuando no son por cosas propias,
Cuando son por lo que sucede a los demás, sobre todo la muerte,
Que es algo después de lo que nada sucede a los demás…

Primero es la angustia, la sorpresa de que haya llegado
El misterio y la ausencia de tu vida comentada…
Después el horror del cajón visible y material,
Y de los hombres de negro que ejercen la profesión de estar allí.
Después la familia que vela, inconsolablemente contando anécdotas,
Lamentando la pena de que te hayas muerto,
Y tú, mera causa ocasional de aquellos lloros,
Tú, verdaderamente muerto, mucho más muerto de lo que te imaginas,
Mucho más muerto aquí de lo que te imaginas
Aunque te encuentres mucho más vivo más allá.
Después, la trágica retirada hacia el panteón o la fosa,
Y después el principio de la muerte de tu recuerdo.
Primero se da en todos un alivio
De la tragedia un poco aburridora de que te hayas muerto…
Después, la conversación se aliviana cotidianamente
Y la vida de cada día recupera su ritmo

Después, lentamente, se te olvida.
Sólo en dos fechas se te recuerda, cada aniversario:
Cuando se cumplen años de tu nacimiento y cuando se cumplen años de tu muerte.

Nada más, nada más, absolutamente nada más.
Piensan en ti dos veces, cada año.
Suspiran por ti dos veces cada año aquellos que te amaron.
Y alguna que otra vez suspiran, si por azar se habla de ti.

Enfrenta en frío, enfrenta en frío lo que somos…
Si te quieres matar, mátate…
¡No tengas escrúpulos morales, recelos de la inteligencia!
¿Qué escrúpulos, qué recelos crees que tiene la mecánica de la vida?

¿Qué escrúpulos químicos crees que tiene el impulso que engendra
Las savias, la circulación de la sangre, el amor?
¿Qué memoria de los demás tiene el ritmo alegre de la vida?
Ah, pobre vanidad de carne y hueso llamada hombre,
¿No ves que no tienes importancia alguna?

Eres importante para ti, porque es a ti a quien tú sientes,
Eres todo para ti porque eres el universo para ti,
El mismo universo y los otros
Satélites de tu subjetividad objetiva.
Eres importante para ti porque sólo tú eres importante para ti.
Y si eres así, oh mito ¿por qué los demás no han de ser así?
¿Tienes, como Hamlet, pavor a lo desconocido?
Pero, ¿qué es lo conocido? ¿Qué es lo que conoces
Para que llames desconocido a algo en especial?
¿Tienes, como Falstaff, el amor grasoso por la vida?

Si la amas así de materialmente, ámala todavía más materialmente:
¡Vuélvete parte carnal de la tierra y de las cosas!
Dispérsate, sistema físico químico
De células nocturnamente conscientes,
En la nocturna conciencia de la inconsciencia de los cuerpos,
En el gran cobertor que no-cubre-nada de las apariencias,
En la hierba y en el césped de la proliferación de los seres,
En la niebla atómica de las cosas,
En las paredes en vórtice
Del vacío dinámico del mundo…

Álvaro de Campos (Fernando Pessoa 1888 - 1935)

sábado, 26 de noviembre de 2016

No se puede nacer y ser libre: en el instante en que nacemos, es decir, tomamos consciencia de nuestra existencia, quedamos encadenados a la vida por el motivo de que no tenemos modo de retornar en el pasado hacia ese punto en que aún no éramos nada (el suicidio tampoco es ese retorno, sino la posibilidad de aniquilar la consciencia, pues éste no hace sino corroborar la miseria en que nos vemos insatisfechos). Nacer es un dictado: siempre son otros quienes deciden por nosotros. Luego viene la educación, la cultura, la sociedad... y toda esa influencia, además de nuestra herencia genética, construye la personalidad; es decir, que tampoco podemos ser libres, dado que cada cultura tiene sus propias ideas sesgadas respecto al porvenir de los individuos: somos el engranaje de su maquinaria. Ser libre, entonces, puede significar darse cuenta de la propia esclavitud; pero esto no es aún libertad, sino que es el amanecer de una libertad que nunca se consolidará, pues la libertad es siempre un modo imperfecto de ser libre; es el modo en que, tras contemplar nuestra servidumbre, declararle la guerra a la ideología, los prejuicios, la fe, los falsos saberes, pretendemos ser libres. Es, en definitiva, una guerra perdida, y aquel que quiere ser libre se inclina hacia la derrota. Pero en un modelo de sociedad en que todos quieren triunfar, destacar sobre los otros, anhelar el fracaso es, en sí mismo, revolucionario. «Lo que se me podría reprochar es cierta complacencia en la decepción, pero, ya que todo el mundo gusta del éxito, es necesario, aunque sólo sea por prurito de simetría, que haya quienes se inclinen hacia la derrota», escribía Cioran.

lunes, 17 de octubre de 2016

Ἀπολλύων

Enemigo de las ideas hogar,
de las doctrinas redentoras,
de las promesas con final feliz.
Detrás de la escena del beso en el puente
el eco de los muertos
colocando las piedras con sangre
sobre una madriguera.
No,
no creo en caminos que alivien mi espíritu,
no quiero conservar nada
ni volver a ninguna parte.
Yo no tengo alma.
Soy un animal acosado por su ser,
un humano,
las alimañas más retorcidas sobre la Tierra.
No quiero ser feliz con el permiso de la gente,
prefiero escabullirme en silencio,
como una serpiente,
o inmolarme abrazado al momento
ensordeciendo con un pitido agudo y eterno
el ruido de las excavadoras.





Extraído de www.volianihil.blogspot.com

martes, 6 de septiembre de 2016

LA CASA DE LOS MUERTOS. Franz Kafka


Fui huésped en la casa de los muertos. Era una cripta grande y limpia, ya había algunos ataúdes, aunque todavía quedaba mucho sitio. Dos ataúdes estaban abiertos, el interior ofrecía el aspecto como de camas deshechas que hubieran sido abandonadas recientemente. Situada en un lado, de tal modo que no pude darme cuenta al principio, se hallaba una mesa de escritorio a la que se sentaba un hombre de cuerpo poderoso. En su mano derecha sostenía una pluma; parecía como si hubiera escrito algo y se hubiera detenido en ese mismo instante. La mano izquierda jugaba en el chaleco con una espléndida cadena de reloj y su cabeza se inclinaba profundamente sobre ella. Una sirvienta limpiaba aunque no había nada que limpiar.
     Tiré con curiosidad del pañuelo que cubría su cabeza y que ensombrecía su rostro. Entonces pude verla. Era una muchacha judía que había conocido antaño. Tenía un rostro exuberante y blanco, así como ojos negros y esbeltos. Cuando me sonrió desde sus harapos, que la hacían parecer una anciana, dije: «Todo lo que usted hace aquí es un poco de comedia.» «Sí —dijo ella—,un poco, ¡cómo lo sabes!» Entonces señaló al hombre sentado en el escritorio y dijo: «Ahora ve y saluda a aquel señor. Mientras no le saludes, en realidad no puedo hablar contigo.» «¿Quién es?», le pregunté en voz baja. «Un noble francés —dijo—, creo que se llama De Poitin.» «¿Cómo ha venido hasta aquí?», pregunté. «No lo sé —dijo ella—, aquí hay una gran confusión. Esperamos a alguien que ponga orden, ¿eres tú?» «No, no», dije yo. «Eso es muy razonable —dijo ella—, pero ahora preséntate al señor.»
     Fui hacia él y me incliné. Cómo él no levantó la cabeza —sólo podía ver su pelo blanco y revuelto—, le deseé las buenas noches. Siguió sin moverse, un gato pequeño recorrió el borde de la mesa, había saltado del regazo del señor y volvió a desaparecer por el mismo sitio. Quizá no miraba la cadena del reloj, sino bajo la mesa. Yo sólo quería aclarar cómo había venido, pero mi conocida me tiró de la chaqueta y murmuró: «Ya es suficiente.»
     Yo quedé muy satisfecho, me volví hacia ella y fuimos cogidos del brazo por la cripta. La escoba me estorbaba. «Tira la escoba», dije. «No, por favor —dijo ella—, deja que me la quede. Que limpiar aquí no me causa ningún esfuerzo, ya lo ves, ¿verdad? Bien, pero aquí disfruto de ciertas ventajas a las que no quiero renunciar. ¿Quieres, por lo demás, quedarte aquí?», dijo desviando la conversación. «Por ti me quedaría aquí encantado», dije lentamente. En ese momento íbamos estrechándonos mutuamente como una pareja de enamorados. «Quédate, quédate —dijo ella—, cómo he anhelado tu llegada. No es tan malo estar aquí como tú quizá temes. Y qué nos importa a los dos lo que hay a nuestro alrededor.» Fuimos un rato en silencio, habíamos desenlazado los brazos que ahora ceñían nuestros cuerpos. Seguimos por el camino principal, había ataúdes a la derecha y a la izquierda, la cripta era muy grande, al menos muy larga. Estaba oscuro, pero no del todo, era como un crepúsculo que, sin embargo, todavía iluminaba algo el lugar en que nos hallábamos y un pequeño círculo a nuestro alrededor. De repente dijo: «Ven, te enseñare mi ataúd.» Me quedé sorprendido. «Pero tú no estás muerta», dije. «No —dijo ella—, pero para ser sincera, no conozco mucho este lugar, por eso estoy tan contenta de que hayas venido. Lo entenderás en poco tiempo. Ahora lo ves todo probablemente más claro que yo. En todo caso: tengo un ataúd.» Torcimos a la derecha en un camino lateral, otra vez entre dos hileras de ataúdes. Por la disposición del lugar y el ambiente me recordaba a una gran bodega que había visto. Siguiendo el camino pasamos por un pequeño arroyo, apenas de un metro de ancho, que corría con rapidez. Después llegamos al ataúd de la muchacha. Disponía de bellos cojines guarnecidos. Se sentó en el interior y me hizo una señal, menos con el dedo que con la mirada, para que yo también la acompañara. «Querida niña» —dije yo, retirándole el pañuelo de la cabeza y poniendo mi mano en su sedosa cabellera—. Todavía no puedo permanecer contigo. Hay alguien en la cripta con el que debo hablar. ¿No quieres ayudarme a buscarle?» «¿Tienes que hablar con él? Aquí no existen obligaciones», dijo ella. «Pero yo no soy de aquí.» «¿Crees que podrás salir todavía de aquí?» «Seguro», dije yo. «Razón de más para que no pierdas el tiempo», dijo ella. Buscó entre los cojines y sacó una camisa. «Ésta es mi camisa de muerta —dijo, y a continuación me la alcanzó—, pero yo no la llevo.»

(En: Fragmentos póstumos) 
— Franz Kafka, Aforismos, visiones y sueños. 2ª ed. Trad. y pról. José Rafael Hernández Arias. Valdemar: Madrid, 1999., p. 83-8

FRAGMENTOS QUIMÉRICOS. E. M. Cioran




La tragedia del hombre es no poder viviren, sino sólo más acá o más allá.

Para los que, sin querer, han rebasado la vida, la filosofía significa muy poco.

No hay escapatoria al sufrimiento mientras vivamos; pero la muerte no es una solución, porque, al resolverlo todo, no resuelve absolutamente nada.

Es absurdo renunciar a la comida; pero igual de absurdo resulta eliminar la experiencia temporal del hambre con lo que ésta comporta de goce y de inmaterialidad.

Que la locura sea nuestra única sabiduría.

Despertemos con frenesí la ignorancia que nos esconde esa verdad, que la vida es una larga enfermedad.

He aquí lo que me diferencia de los demás: que yo he muerto innumerables veces, mientras ellos no han muerto nunca.

Sólo la muerte da profundidad a los actos de la vida. 

Una única sonrisa de mujer valdría más que tres cuartas partes del pensamiento humano si en esa sonrisa viéramos sonreír la vida.

La tragedia: la vida como límite de la muerte.

La nada es primordial (por eso, en el fondo, todo es nada); el Eros se hace; la conciencia es derivada.

Epígrafe a una autobiografía: soy un Raskólnikov sin la excusa del crimen.

Quien nunca deseó destruir la música, nunca la ha amado.

Sensaciones celestiales: como si los instantes se desgajaran del curso del tiempo para traerme un beso.

Entre los que rechazan la vida y no pueden amarla, no existe ni uno que no la haya amado o que no quisiera amarla.

Juramento a la vida. 
Nunca te traicionaré del todo;
aunque te he traicionado
y te traicionaré a cada paso;
Cuando te he odiado
no te he podido olvidar.
Te he maldecido para soportarte;
Te he rechazado para que cambies;
Te he llamado y no has venido;
He llorado y no has aliviado mis lágrimas.
Desierto has sido para mis súplicas,
tumba para mi voz.
Silencio para mis tormentos
y páramo para mis soledades.
He matado
en el pensamiento
el primer instante de vida.
He querido
veneno para tus raíces.
Te juro que nunca conocerás
mi gran traición.
Juro por todo lo más sagrado
que pueda haber;
por tu sonrisa,
que nunca me separaré de ti.

El rechazo de la liberación tiene su origen en un amor secreto por la tragedia.

Todos los filósofos tendrían que terminar a los pies de la pitonisa. No hay más que una filosofía: la de los momentos únicos.

Todos los hombres tienen que destruir su vida. Y según la manera como lo hagan se llamarán triunfadores o fracasados.

La música expresa todo lo que es caos en el cosmos: por eso únicamente existe una música de los principios y una música de los finales…

No entiendo cómo los hombres pueden creer en Dios, aunque pienso todos los días en él.

COMO LA VIDA SE CONVIERTE EN EL VALOR SUPREMO: la veneración por las mujeres; la rehabilitación del Eros como divinidad; salud natural, transfigurada por la delicadeza; el fervor de la danza en todos los actos de la vida; gracia en lugar de pesar; sonrisa en vez de pensamiento; entusiasmo en lugar de pasión; la lejanía como finitud; la vida como único Dios, única realidad y único culto; el pecado como crimen y la muerte como vergüenza. 
     … Lo demás es filosofía, cristianismo y otras formas de caída.

REGLAS PARA VENCER EL PESIMISMO PERO NO EL SUFRIMIENTO.
acompañar el más delicado estremecimiento del alma
con una tensión premeditada;
estar lúcido en la disolución interior;
vigilar la fascinación musical;
estar triste con método;
leer la Biblia con interés político,
y a los poetas 
para verificar la propia resistencia;
servirse de las nostalgias
para los pensamientos o hechos;
robárselas al alma;
crearse un centro exterior:
un país, un paisaje,
ligar los pensamientos al espacio;
mantener artificialmente el odio contra lo que sea:
contra una nación, una ciudad, 
un individuo, un recuerdo;
amar la fuerza después del sueño:
ser brutal 
después de lo que es puro y sublime;
aprender una táctica del alma;
conquistar los estados de ánimo;
no aprender nada de los hombres;
solamente la naturaleza es dueña de la duda;
anular el miedo con el movimiento;
con la fuga; cuando nos paramos, 
las cosas callan y la nada nos llama;
hacer de la quimera un sistema.

EL ARTE DE EVITAR LA SANTIDAD.
Aprende a considerar:
las ilusiones como virtudes; la tristeza como elegancia; el miedo como pretexto; el amor como olvido; la separación como un lujo; al hombre como recuerdo; la vida como balanceo; el sufrimiento como ejercicio; la muerte en la plenitud como la meta; la existencia como fruslería.

¿Qué soy yo sino una ocasión en medio de las infinitas probabilidades de no haber sido?

La sexualidad no tiene otro sentido que vencer lo infinito desde el Eros.

Una piedra, una flor y un gusano son más que todo el pensamiento humano.

Hay actos bondadosos que son mil veces más rastreros que cualquier gesto bestial.

El amor es por esencia pesimista. A los optimistas sólo les queda formar un círculo en torno al odio.

…la filosofía no dispone de verdad alguna, pero nadie entrará en el mundo de las verdades sin pasar por la filosofía.

A menudo me parece que el más insignificante poeta sabe más que el mayor de los filósofos.

Sólo hay una cosa que podría envanecerme: llegar a ser alguien de quien los poetas pudieran aprender algo.

El hombre es una paradoja de la naturaleza, porque ninguna condición le parece natural.

La mujer no perdona ninguna inocencia, como la vida no perdona lucidez alguna.

El pensamiento tiene que ser virulento, semejante a una gota de veneno, o reconfortante como la lágrima de un ángel.

— E. M. Cioran, El libro de las quimeras, trad. Joaquín Garrigós (Tusquets: México, 2013)

domingo, 31 de enero de 2016

USTED TRABAJA OCHO HORAS...

“En la inmovilidad, el silencio impalpable,
  Yo estoy ahí. Estoy solo. Si me golpean, me muevo.
  Trato de proteger una cosa roja y sangrante,
  El mundo es un caos preciso e implacable.
Usted trabaja ocho horas y tiene una esposa, una casa, un perro, dos hijos y una amante. Usted está cansado de vivir. Usted se suicidará esta noche. Volverá, saludará con un vago ademán a su mujer, se aflojará la corbata, subirá las escaleras, buscará el arma de su padre que se encuentra guardada en una caja azul escondida en un mueble. Usted se sentará en la cama a las 22:02 horas y gatillará a las 22:15 horas. A las 22:15 horas y tres segundos un rocío rojo se difuminará en las almohadas. A las 22:15 horas y treinta segundos su mujer gritará. A las 22:16 horas chorrearán un par de gotas y la pared estará plagada de pintitas oscuras -algunas más grandes, otras más chicas- juntas en el centro y alejadas en la periferia, formando un complicado dibujo que dentro de unas horas limpiará la mucama con un trapo rosado y carcomido por el líquido limpiador. A las 22:17 horas entrará un mensaje de su amante a su celular reclamando el habitual texto obsceno a la salida del trabajo que nunca ha llegado. A las 22:18 horas se desprenderá sola una flor mucilaginosa cerebral que nadie se atreve a tocar y que es suya y no es, ya que usted ya no es usted.
Su plazo fijo seguirá generando dinero e intereses
Sus carpetas de porno en la computadora portátil seguirán estando allí
Durando.

Extraído de http://estatizado.tumblr.com/

jueves, 7 de enero de 2016

LA VENGANZA DE LOS LOCOS


Que tu corazón no crea
lo que de la boca de aquel insensato brota
que tu corazón no se quiebre
por los conceptos sin sentido que te echan encima
que tu corazón no llore
porque todo es mentira
eso que te dice
que tú tienes
no lo tienes
no estás deprimida
no estás trastornada
eterna niña inocente, no le creas
no posees esa fobia
¡Maldigo la normalidad y a los normales!
Enemigos míos son
¡Abran paso a los locos y a sus legiones!
¡Abran paso que nos soltaron de la jaula!
Y tenemos sed de lágrimas y hambre de carne humana
ahora somos libres e inconscientes
nada ni nadie nos trancará el paso
porque somos libres
como los niños, como los dioses, como los locos
somos mayoría
y vamos por ti…
lo juro
vamos por ti.
Tu lengua viperina
será arrancada
tus diagnósticos arderán junto a tu cuerpo en la hoguera
serás castigado de la forma más lacerante
se hincharán ahora tus ojos, ya no más tus bolsillos
a costa de nosotros
los parias
los “inadaptados”.
Cuando entrelazo las pestañas
recuerdo a los que se han suicidado
recuerdo a los que oprimiste
aparecen en mis pesadillas
y me susurran al oído
que tú fuiste el culpable
y me inspiro
en la soledad de estas cuatro paredes grises sin sentido
maquino
si será una Glock o un martillo
si será un hacha o un cuchillo
si esa boca no emanará ya más mentiras
si esa boca se adornará de mosquitas
si gusanos y hormigas brotarán de tu barriga.
Y vamos por ti
lo juro...

vamos por ti.



Simón Filko

viernes, 1 de enero de 2016

5.00 A.M


Mira que no es difícil
hacer poesía
cuando las lunas de fuego incineran
con sus llamas de pasado
tus ciegos ojos
de topo.
Mi amado topo...
criatura de Dios
finito
como tu vocinglería
como tu inteligencia
como tu conciencia
como tus palabras
y aún así te atreves
a pregonar que eres el hombre
que eres tú el prototipo
oh, ciegos maestros
que de todos saben
excepto de ellos mismos;
ni de dónde vienen
ni dónde están,
ni adonde se irán…
más sin embargo
averiguarlo no es arduo
pronto estarán de regreso a casa
pronto;
y “volverán a la nada de la cual provienen”
y su legado
y sus estilísticos discursos de retórica hueca

se convertirán en polvo.




Simón Filko

Mi musa enferma

Pálida, 
si,
como llegaste al mundo, 
para mostrarnos tus ojos tristes.
¿Y qué importan acaso
los vernáculos del buen pasar
en manos del mediocre santo y seña
de equilibrios infundados?
Sólo un tonto vive sin pasiones,
ni las consecuencias corporales.
Hermosa e insomne,
misterio rasgado por las lentas lunas,
abrasando el mundo de los genios.
Blanca sinfonía desnuda
en la voz de tu poesía,
toses en la alforja de tu llanto,
fiebres te enloquecen de porfías,
sangres te derivan hacia los quebrantos
de la furia absorta de los hombres.
Te duele el estómago,
como Prometeo,
y en tus manos llevas
llagas siderales.